Archivos Mensuales: febrero 2016

Reviviendo la pasión por los clásicos

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Lo admito: Tengo una vehemente fascinación por los clásicos. Si ciertamente hoy en día existen  excelentes escritores destinados a la trascendiencia, así como mayores posibilidades de que sus obras salgan a la luz, gracias a los nuevos recursos de autopulbicación que nos ofrece el crowdfounding y las plataformas virtuales, son aquellos genios litearios forjados en las gestas épicas griegas y los  albores del humanismo mi perdición lectora y creo firmemente que pesar de los cambios culturales experimentados a lo largo de la historia, sus novelas siguen tan vivas como en su época de mayor apogeo. El autor Italo Calvino, en su ensayo Por qué leer a los clásicos nos manifiesta algo muy certero al respecto:  “Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria  mimetizándose con el inconsciente colectivo e individual”.  Seguramente durante la adolescencia su lectura fue un suplicio para muchos pero… ¿A qué se debe esta animadversión?.

 

Hace casi un año tomé la desición de abandonar el derecho para dedicarme de lleno a un sueño que he acariciado por años: Enseñar literatura. Admito que ha sido una de las experiencias más desgastantes en mi vida, y pese a que constantemente estoy leyendo y preparándome, nunca dejo de aprender. Definitivamente un título no te garantiza cultura general ni la entereza por reinventarte cada día en lo que haces.

 

Durante este tiempo, he percibido la actual tendencia de la juventud hacia lo que algunos llaman “Literatura chatarra”. Hoy en día  los estantes de las librerías nos bombardean con novelas de autores de moda, cuyas portadas son visualmente impactantes pero pobres en contenidoo narrativo o lenguaje. La manera como  estas obras son exhibidas me recuerda a los remates de chaquetas o zapatos de marca  por fin de año en las boutiques, antes que espacios confortables donde se pueda degustar de una buena lectura. Libros como Fausto o La Odisea son relegados a segundo plano y por lo general transcurren meses sin que nadie los adquiera, ni si quiera en ediciones ilustradas, a menos que sean parte de la lista de útiles de los chicos, y si a aquello añadimos la furia de inumerables literatos (?) quienes critican duramente a estos nuevos autores, nos encontramos ante un problema ¿Qué sucede cuando el docente  (muchas veces embestido de un pursimo hipócrita) se alimenta de estos prejuicios y replica discursos similares en el salón de clase?

El Club de los Poetas Muertos (2)

El abismo  entre alumnos y docentes es latente. En lugar de fomentar la lectura de los clásicos,  se ha conseguido el efecto contrario. En algunos casos esto ocurre porque es más fácil apelar a la exclusión antes que a la creatividad al momento de enseñar y lógicamente pocos alumnos se motivarán a leer si su maestro les reitera su animadversión por su libro favorito. En los últimos tres años no se ha realizado un estudio acerca de hábitos lectores en el Ecuador, mucho menos de los docentes; en varios congresos a los que he asistido me he encontrado con profesores del Área de Lengua y Literatura que no han leído obras básicas como Ana karenina o La Vida es Sueño, en ese caso ¿Cómo podemos aspirar que el estudiante aprenda algo que no hemos degustado? Promover estas lecturas, que de por sí resultan tediosas para los estudiantes va más allá de la pedagogía, el alumno no es ingenuo y percibe de inmediato cuando el docente no tiene un verdadero conocimiento sobre lo que habla y lo que es peor, cuando enseña acerca de libros que no ha leído, ojo con esto no quiero decir que el profesor debería leer TODO pero sí al menos lo que imparte, caso contrario difícilmente podrá despertar un verdadero interés lector en el alumno.

 

 Algo sí es cierto, el hacer de menos una obra, no hará que el alumno deje de leerla, darle motivos para que se interese en otros libros sí. En los últimos parciales he aplicado algunas actividades, tales como juegos de rol, relacionar hechos históricos con la literatura, teatralizar obras, organizar debates comparativos de las novelas clásicas con las actuales y sobre todo contar a manera de narración las anécdotas y curiosidades de la vida de los escritores, esto llama mucho su atención y es apenas lógico, los docentes nos hemos olvidado que más allá de impartir una materia, estamos promoviendo el desarrollo del pensamiento crítico a través de la literatura y a la vez formando hábitos lectores que la mayoría de jovenes no han adquirido en casa. Compartir las vivencias de un escritor genera empatía y por ende acerca más al estudiante con el libro, como me dijo alguna vez un alumno “Después de todo, pese a la diferencia de épocas no existen mayores diferencias entre uno y otro porque vivimos las mismas emociones”. Transmitir la intencionalidad del autor a través de analogías emocionales acerca al joven a la lectura y  despierta su interés por descubrir que ocurrirá en los siguientes capítulos.  

 

Hace un par de meses hablamos sobre Edgar Allan Poe e hicimos un taller de investigación al estilo Los crímenes de la Calle Morgue enfocado en los hechos extraños que rodearon la muerte del escritor. Al final del taller cada grupo expuso interesantes hipótesis, con ilustraciones y datos al respecto. Fue así como comprendimos la esencia de la novela policial. Y es que los clásicos no es algo se impone sino que se insta a disfrutar como la música o cualquier otra manifestación artística, el docente debe comprender que por encima de lo que el plan de destrezas anual ordena somos una guía para el estudiante desde sus aficiones y gustos, a partir de ahí podemos trabajar y ajustarlo a nuestra planificación.

 

Lograr que el alumno desarrolle aptitudes lectoras es el gran reto del maestro actual. Considero que no existe una fórmula perfecta que garantice el hábito de leer en todos los alumnos, pero al menos se puede potenciar su creatividad e imaginación a través de la narrativa y la gamificación.  Siempre he considerado que cuando una persona halla algo afín a sus intereses continuará buscando más de lo que le apasiona, aplica también a los libros. Mientras tanto sigo descubriendo los gustos lectores de mis alumnos, investigo nuevas estrategias metodológicas y  trabajo en el plan anual de lectura del próximo año lectivo,  ya les platicaré como me va con este proyecto que amo.

  

Fuentes:

Italo Calvino, Ensayo:  Por qué leer los clásicos