Antes del atardecer y la amante de los pequeños detalles

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Antes del amanecer

 

Adoro la trilogía de “Antes de…”  del cineasta norteamericano Richard Linklater. Fue un verdadero triunfo del ingenio llevar a la  pantalla grande, los encuentros de dos amantes a lo largo de los años,  sus temores, sueños y fracasos personales, de tal manera que el espectador, también formó parte de sus dilemas junto al oculto anhelo de eternizar cada  momento compartido, y es que las citas no planeadas, entre Céline y Jesse representan aquello que tanto me seduce: Conversaciones honestas, libros, una profunda dosis de imaginación, risas, cementerios antiguos y música de Nina Simone, ¿qué más se puede pedir?.

 

Al igual que Céline, soy de esos seres extraños que no olvidan a las personas u objetos que han amado en cualquiera de sus formas y que por alguna razón partieron o se  perdieron. No se trata de rendir culto al pasado, simplemente me gusta conservar en la memoria sus fisuras emocionales y/o  pequeños detalles, porque de alguna manera son parte de mi historia, de lo que fui y de lo que soy. Les dejo con la siguiente frase de Céline en Antes del atardecer; ella resume mejor que yo este rasgo de mi personalidad.

 

“Siempre me siento rara, porque nunca puedo seguir adelante así nada más. La gente solo tiene un romance e incluso relaciones completas, pero sólo rompen y lo olvidan; siguen adelante como si hubieran cambiado la marca de cereal. Yo siento que nunca he podido olvidar a alguien con quien he estado, porque cada persona tiene sus propias características. Uno no puede reemplazar a nadie; lo que se perdió se perdió. Cuando cada relación se termina me hiere mucho. Nunca me recupero del todo. Por eso soy muy cuidadosa al involucrarme, porque me duele mucho (…). Me obsesionan las cosas pequeñas de las personas. Tal vez estoy loca. Cuando era niña, mi mamá me dijo que siempre llegaba tarde a la escuela, y un día me siguió para saber por qué. Yo estaba viendo las castañas caer de los árboles y rodar en la acera, o las hormigas cruzando el camino, la sombra de una hoja en el tronco de un árbol…cosas pequeñas. Creo que lo mismo pasa con la gente: Veo en ellos pequeños detalles, muy propios de cada uno que me conmueven y que extraño, y que siempre extrañaré. A nadie se puede reemplazar, porque todos están hechos de detalles hermosos y específicos, por ejemplo, recuerdo que tu barba tiene un poco de rojo, y cómo el sol la hacía brillar esa mañana antes de que te fueras. Recuerdo eso y lo extrañé mucho. ¿Realmente loca no?”.

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