LA MUERTE

Estándar

Al cumplir 15 años tras la partida de su amado padre, ella tan solo deseó la muerte. Día tras día imploraba  su llegada con enfermiza devoción y ni siquiera los escasos destellos de felicidad en su existencia lograron alejar de sus deseos su sueño de morir. Buscaba desesperadamente la forma menos dolorosa para dar fin a su existencia, pero sin embargo cada vez que estaba cerca de cumplir  con su objetivo, algo le impedía terminarlo; pensaba que al igual que aquella canción de Silvio Rodríguez,  de tanto llamar a la muerte al cabo terminó siendo su hermana….pero una vez más ella se equivocó.

Una noche lluviosa mientras permanecía insomne, como de costumbre, al encontrarse sumergida en un libro de Ernesto Sábato, escuchó  de repente un sonido estruendoso en algún lugar de su casa, entonces se incorporó de inmediato, se puso sus pantuflas y  bastante  temerosa se dirigió de forma sigilosa hasta la sala de su enorme morada, intentó prender el interruptor  pero al parecer los rayos de la impetuosa tormenta ocasionaron la ausencia de luz eléctrica en el vecindario,  algo más tranquila decidió regresar a su habitación, atribuyendo aquel ruido a su enorme gato llamado Martín, cuya hiperactividad era intensa  con frecuencia en  horas de las noche.

De pronto se percató de un tenue rayo de luz  cerca de la ventana que daba al patio, al acercarse un poco más para ver la sombra titilante que reflejaba, se encontró sorpresivamente con el rostro cadavérico de un ser encapuchado, cual cucurucho en época de semana santa y envestida de un profundo miedo, sintió su fría y huesuda mano sin piel tocar su pálido rostro…ella lo sabía era la muerte que cansada  de haber sido invocada durante tantos años al fin llegaba para obedecer a su súplica. Aterrorizada hasta el paroxismo cayó al suelo y cubrió su rostro mientras su tembloroso cuerpo retrocedía a una esquina de la sala, pero de pronto,  sin saber cómo,  logró reunir un valor jamás experimentado y con la voz entrecortada le suplicó  que se marchara, que no deseaba morir y que la perdone por haberla llamado tantas veces pero la muerte solo sonrió con sarcasmo  y sin pronunciar una sola palabra la  tomó con furia de la muñeca, luego de sus rubios cabellos  y la arrastró con furia hacia la obscuridad mientras gritos desgarradores se escapaban de la garganta de la muchacha.

 A la mañana siguiente el sonido de su celular la despertó, eran las 6 y 30 de la mañana, al ver los rayos del sol  penetrar en su ventana comprendió que todo había sido tan solo una pesadilla y sintió una reconfortante sensación de alivio, se incorporó con entusiasmo y al dirigirse hacia el baño tarareando una canción, para darse una ducha , descubrió que en su muñeca derecha  tenía unas sangrantes cicatrices en forma de dedos, con el horror reflejado en su mirada azul ….en aquel preciso instante la joven tuvo deseos por primera vez….de vivir!.

 

Ilustración tomada del blog de Santiago Caruso

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