PARANOIA PARTE I

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Durante mis años de colegio tuve 4 amigas con las cuales aun mantenemos un fuerte lazo de amistad, éramos 5 adolescentes que vivían con euforia  aquellos últimos años de la inocencia infantil, prácticamente inseparables. María era la bonita del grupo y fue reina del colegio dos veces, Beysi era ruda en todo sentido, en el colegio nadie se atrevía faltarle al respeto, Irma  la mas graciosa, tenía un chiste para toda ocasión…y Angélica quien será la protagonista de este relato era la más dulce, siempre gentil y cariñosa era incapaz de mirar o hablar mal de alguien.

Al cursar el segundo año de básica, un lunes llegó Angélica al Colegio bastante demacrada  y con evidente nerviosismo en su rostro,  al preguntarle que le pasaba nos contestó que en las últimas dos noches  había tenido terribles pesadillas  en las que aparecía un hombre de aspecto monstruoso que no dejaba de  acosarla  y le advertía que algún día la encontraría y que cuando eso suceda la mataría, mientras  nos narraba las espeluznantes turbulencias vividas en sus pesadillas su cuerpo temblaba exageradamente ; durante ese día  intentamos hacerla olvidar  de aquello con bromas y cambiándole de tema pero tengo que admitir que desde aquel lunes Angélica  jamás volvió a ser la misma.

Con el pasar de los días sus sueños cada vez eran más frecuentes, el hombre de sus pesadillas ya no solo aparecía en ellas sino incluso en el mundo real, en los espejos de su casa, en el espejo del baño de Colegio y aunque cada vez que ella nos decía que este hombre estaba ahí y nosotras le explicábamos que ahí no había nadie, el terror y la angustia se apoderaron de su delicado espíritu y nos rogaba que nunca la dejásemos sola. Poco a poco comenzó a faltar a clases, según sus padres sus ataques de nerviosismo  eran cada vez peores  y de lo poco que asistía al Colegio nos dimos cuenta cuan grave se ponía cuando creía ver a este ser a tal punto que llegaba a lastimarse asimisma y golpeaba a todo aquel  que intentara tranquilizarla, y en los escasos momentos de aparente calma  Angélica se mostraba  abstraída y huraña, incapaz de cruzar palabra con alguien y si decía algo era para hablar sola , el miedo la había alejado para siempre de todo lo que un día fue… por mas que intentamos negarlo a los demás y a nosotras mismas, la verdad era evidente, o al menos eso parecía, nuestra querida amiga estaba yendo hacia el inexorable camino de la locura.

Al  final de segundo curso  sus padres la retiraron del colegio  para impedir que continuara agrediendo físicamente a sus compañeros, y al darse cuenta de la deplorable situación emocional de su única hija decidieron suspender sus sesiones con el psicólogo  y por sugerencia de éste la internaron en un Centro Psiquiátrico a las afueras de la ciudad de Quito. Durante casi dos años Angélica permaneció en este hospital y casi todos los sábados religiosamente la visitábamos, pero Angélica con la mirada siempre húmeda y melancólica  nos repetía una y otra vez que no estaba loca y que se encontraba cansada de que aún ahi aquel ente maligno no dejara de acosarla y torturarla, aseguraba que los moretones que habían en su cuerpo eran producto de los constantes golpes  que él le propinaba y en más de una ocasión se arrodilló ante nosotras  rogándonos que le diéramos fin a su inmerecido dolor.

PARANOIA PARTE I

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