HISTORIA DE UNA AMANUENSE PARTE I

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Cristina Espinoza (nombre ficticio)  es actualmente secretaria de una de las Fiscalías Distritales de la ciudad de Quito, es una mujer de carácter fuerte y muy inteligente quien seguramente algún día será Agente Fiscal. Durante mis años de pasante en esta institución fui testigo  de un hecho paranormal vivido por esta abogada  cuando ejercía el cargo de amanuense en la Unidad de Delitos contra la Vida. En aquella época una ola de violencia desataba la ciudad por el mes de diciembre y el despacho de esta unidad se encontraba literalmente saturado  de nuevos casos de homicidios, asesinatos y los únicos que los tramitábamos éramos El Agente Fiscal, Cristina y yo.

Un viernes  llegó el parte policial del asesinato de un hombre de clase humilde cuyo brutal deceso sucedió a manos de un primo suyo al sur de la ciudad, según constaba en el parte la causa era el exceso de alcohol, el asesino se había dado a la fuga y tras haber cometido su crimen, según supe horas después, comenzó a rondar el domicilio donde había vivido su víctima  con el fin de martirizar a sus familiares, jactándose de su “hazaña” y advirtiendo  que dentro de poco partiría y nadie lo atraparía. Horas mas tarde llegó al despacho una joven  que decía ser la hermana de este occiso con evidente desesperación  y lágrimas en sus ojos a suplicarnos que por favor solicitemos la orden de captura de quien le quitó la vida a su hermano, lamentablemente ese día el Agente Fiscal pidió permiso  y habían cerca de 15 procesos mas que se encontraban  en espera, por el que la joven imploraba era el No. 14, Cristina de manera algo seca le manifestó que le era imposible atender su requerimiento en ese momento y que regresara el lunes o el martes…llena de frustración la joven  se marchó no sin antes solicitarnos nuevamente con lágrimas en sus ojos que se haga justicia, de mas sería expresar cuan impotente me sentí por no haber podido ayudar a la muchacha en ese instante, pero a veces el hado  le da a uno lecciones mucho mas fuertes y de mayor valor  que de aquellas que se aprenden en un aula de clase o en el ejercicio de la profesión en una entidad pública y eso era un hecho que Cristina  estaba a punto de comprobar a lo largo de aquel lluvioso viernes, llegaron las seis de la tarde tomé mis cosas y me marché a casa, no volví a ver a Cristina hasta el lunes de la semana siguiente.

El lunes al regresar a la Unidad a cumplir con mis funciones normales como pasante noté a Cristina bastante nerviosa y su rostro denotaba que casi no había dormido el fin de semana, se encontraba parada frente a la ventana y su mirada perdida reflejaba una mezcla de pánico y horror, lo cual me dejó consternada, sus manos temblorosas intentaban tomar agua mientras  con fingida benevolencia respondía a mi saludo. De pronto llegó el Agente Fiscal y al preguntarme que novedades hubieron el viernes yo me tomé la libertad de enseñarle el expediente del occiso del sur y le expliqué lo que su hermana solicitaba a lo que contestó que se inicie cuanto antes la instrucción Fiscal  y se solicite la respectiva orden de prisión para que el la firme….rápidamente me dirigí hacia Cristina y le transmití la orden del Fiscal con el expediente en la mano, Cristina como autómata empezó a examinar el mismo cuando de repente un grito desgarrador  salió de su garganta, mientras el  pavor se reflejaba en su rostro al llegar a la foja No. 7 del parte policial.

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